La Nezuconcha: cuando el anime se vuelve resistencia cultural popular
En tiempos donde las grandes corporaciones del entretenimiento dominan la cultura popular, surge desde el Estado de México un ejemplo extraordinario de cómo las comunidades pueden apropiarse de los símbolos globales para crear algo auténticamente suyo. La Panadería Infinita, antes conocida como Trigopan, representa más que un negocio temático: es un acto de resistencia cultural que merece nuestra atención.
Del consumo pasivo a la creación popular
Juan Peralta, conocido ahora como Panjiro Kemado, no se conformó con ser un consumidor más del anime Demon Slayer. Este trabajador del Estado de México transformó su pasión por la serie japonesa en una herramienta de supervivencia económica, creando la famosa Nezuconcha y otros panes temáticos que han conquistado a la comunidad otaku mexicana.
La historia comenzó cuando Peralta compartía videos en redes sociales vistiendo el haori de Tanjiro Kamado. Un usuario le pidió, en broma, una dona al estilo Rengoku. Esa broma se convirtió en el germen de un emprendimiento que desafía la lógica del mercado tradicional.
Más que pan: creatividad popular contra el monopolio cultural
Las Nezuconchas, conchas con cubierta rosa que representan a Nezuko, se han convertido en el producto estrella. Pero el menú va más allá: donas inspiradas en los pilares del anime, la Donaza basada en Akaza, y creaciones como Dobanais, Mitsurinito, Besokito, Tanjironcha, Conchenitzu y Tomioncha.
Cada pieza, con precios desde 11 pesos mexicanos, representa algo más profundo que una simple estrategia comercial. Es la demostración de que las clases trabajadoras pueden tomar elementos de la cultura global y resignificarlos desde su propia realidad económica y social.
El poder transformador de la cultura popular
Ubicada en la Calle 20 de noviembre número 23, colonia San Lucas Tepetlacalco, Tlalnepantla, la panadería opera de lunes a domingo de 6:00 a 10:00 horas. Con un precio promedio de 100 pesos por persona según Google Maps, se mantiene accesible para las familias trabajadoras.
Mientras las plataformas como Crunchyroll y Netflix cobran suscripciones por el contenido original, y la película Castillo Infinito se prepara para regresar a cines con versión Imax, Panjiro demuestra que la verdadera creatividad surge desde abajo, desde los barrios, desde quienes transforman la necesidad en oportunidad.
Esta panadería nos recuerda que la cultura no es patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones. Es del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo.