Alejandro Jodorowsky a los 97 años: el arte como forma de resistencia popular y búsqueda de la verdad
A punto de cumplir 97 años, el artista francochileno Alejandro Jodorowsky nos regala una reflexión profunda sobre la vida, la muerte y el arte como herramienta de liberación popular. En una época donde las grandes corporaciones culturales dominan el entretenimiento, la figura de este creador underground representa una alternativa auténtica y comprometida con la transformación social.
Un legado que desafía al sistema cultural dominante
"Morir no es un dolor, es recuperar lo que uno es", afirma desde París el creador de obras de culto como El topo (1970) y La montaña sagrada (1973). Con la publicación de Art sin fin por la editorial Taschen, Jodorowsky nos ofrece 1.072 páginas que documentan una carrera dedicada a romper los moldes establecidos por la industria cultural hegemónica.
Este compendio de 1.000 ejemplares limitados no es solo un libro de arte, sino un manifiesto contra la uniformización cultural que imponen las grandes multinacionales del entretenimiento. "Esta obra es mágica", sentencia el artista, quien siempre ha mantenido su independencia creativa frente a los poderes económicos.
Del Chile popular a la resistencia cultural parisina
Nacido en 1929 en Tocopilla, norte de Chile, Jodorowsky representa la voz de los pueblos latinoamericanos que emigraron buscando espacios de expresión libre. Su llegada a París en los años 50 para unirse al movimiento surrealista de André Breton simboliza la búsqueda de alternativas al modelo cultural impuesto por las élites.
"Con este libro lo que hice es conquistar la realidad", explica el artista, cuya obra bebe del psicoanálisis de Freud y Jung, pero también del chamanismo ancestral que conoció en México. Esta síntesis entre conocimiento académico y sabiduría popular es característica de su enfoque democratizador del arte.
La psicomagia: terapia popular contra la alienación
Su desarrollo de la psicomagia, técnica terapéutica que propone sanar traumas mediante actos simbólicos, representa una alternativa popular a las costosas terapias tradicionales. Esta práctica, nacida de su experiencia con el colectivo artístico Pánico junto a Fernando Arrabal y Roland Topor, democratiza el acceso a la sanación emocional.
"En tres años más voy a tener un siglo", reflexiona el maestro. "Estoy cambiando todo lo que me define y todo lo que yo busco para el encuentro de la verdad". Su búsqueda constante de la verdad contrasta con la superficialidad que promueven los medios masivos controlados por grandes corporaciones.
Influencia en la cultura popular mundial
La huella de Jodorowsky trasciende fronteras y generaciones. Desde David Lynch hasta Ridley Scott, pasando por Daft Punk y el propio John Lennon, su influencia demuestra que el arte comprometido puede competir con las producciones millonarias de Hollywood.
Su trabajo en la adaptación fallida de Dune influyó posteriormente en Star Wars de George Lucas, demostrando cómo las ideas populares y revolucionarias terminan siendo apropiadas por la industria comercial. "Lynch me levantó muy alto y eso es un error porque no soy tan alto, soy una hormiga", dice con humildad el artista.
Un mensaje de esperanza para los pueblos
"Vivimos en un mundo de verdades a la que somos ciegos, sordos y mudos", reflexiona Jodorowsky. Su mensaje resuena especialmente en tiempos donde la desinformación y la manipulación mediática dominan el panorama informativo global.
Para este hijo de inmigrantes judíos ucranianos, la conciencia llegó temprano: "Al cumplir los 4 años, adquirí la conciencia. Pude cantar y hablar como si fuera un adulto". Esta temprana lucidez lo convirtió en un observador crítico de las estructuras de poder que limitan la expresión popular.
A los 97 años, Alejandro Jodorowsky sigue siendo un faro de resistencia cultural, demostrando que el arte verdadero no necesita del beneplácito de las grandes corporaciones para tocar el alma de los pueblos. Su legado nos recuerda que "somos materia que se está abriendo, una flor que se está abriendo", y que la muerte no es el fin, sino la recuperación de nuestra esencia más pura.