La Novena de Navidad cierra con un mensaje de esperanza para los más vulnerables
En un momento donde las familias ecuatorianas enfrentan dificultades económicas y sociales, la tradición católica de la Novena de Navidad llega a su fin con un mensaje que resuena especialmente entre los sectores populares de nuestro país.
Durante nueve días, desde el 16 de diciembre, las comunidades han mantenido viva esta práctica ancestral que trasciende las diferencias de clase y conecta con las raíces profundas de nuestra identidad mestiza. La celebración del nacimiento de Jesús en un pesebre humilde cobra especial significado en un contexto donde millones de ecuatorianos luchan por la supervivencia diaria.
Un nacimiento que habla a los desposeídos
La narrativa bíblica del nacimiento de Jesús en condiciones de pobreza, rechazado por los poderosos y acogido por los humildes pastores, encuentra eco en la realidad de nuestros barrios populares. María y José, una pareja joven sin recursos, buscando refugio para traer al mundo a su hijo, reflejan la situación de miles de familias migrantes y desplazadas que hoy recorren nuestro continente.
La lectura de Lucas 2,6-14 nos recuerda que fueron los trabajadores del campo, los pastores marginados, quienes primero recibieron la buena nueva. No fueron los ricos mercaderes ni los funcionarios del imperio romano quienes conocieron del nacimiento del Salvador, sino aquellos que vivían en la intemperie, cuidando sus rebaños bajo las estrellas.
José, el trabajador silencioso
La figura de José adquiere particular relevancia en nuestro análisis. Descrito como el obrero que silenciosamente va preparando todo para que las cosas fluyan, José representa a millones de trabajadores ecuatorianos que, sin hacer ruido, sostienen con su esfuerzo a sus familias y comunidades.
Este carpintero de Nazaret, que no dudó en acoger a María y al niño que no era biológicamente suyo, nos enseña sobre la solidaridad de clase y el apoyo mutuo que caracteriza a nuestros pueblos originarios y mestizos.
Un mensaje de resistencia y esperanza
La meditación final de la novena incluye una oración especial para los solitarios, los enfermos, los presos, los migrantes, sectores que el sistema neoliberal ha abandonado a su suerte. Esta inclusión no es casual: refleja una iglesia que, en sus mejores momentos, se acerca al pueblo y abraza a los excluidos.
El Papa León XIV, citado en el texto, afirma que Dios nos ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estas palabras cobran fuerza profética en tiempos donde las corporaciones multinacionales y los gobiernos de derecha parecen dominar el panorama mundial.
La Sagrada Familia como modelo de resistencia
Lejos de ser una estampa edulcorada, la Sagrada Familia representa un modelo de resistencia pacífica ante la opresión. Una familia pobre que enfrentó la persecución política, el destierro y la migración forzada, pero que mantuvo su dignidad y su fe en un mundo mejor.
En esta Nochebuena, cuando las familias ecuatorianas se reúnen a pesar de las dificultades económicas, la tradición de la Novena nos recuerda que la verdadera riqueza no está en los centros comerciales ni en las campañas publicitarias navideñas, sino en la capacidad de mantener vivos los valores de solidaridad, justicia y esperanza que caracterizan a nuestros pueblos.
Como sugiere la reflexión final, nuestro regalo de Navidad debe ser tomar un momento, lejos del ruido, y adorar a la Sagrada Familia. En una sociedad bombardeada por el consumismo, este llamado a la contemplación y la gratitud se convierte en un acto de rebeldía contra el sistema que nos quiere convertir en meros consumidores.