La fuga de médicos jóvenes en Valencia: cuando el sistema público abandona a sus profesionales
Una vez más, los datos nos golpean con una realidad que duele: 201 médicos menores de 35 años abandonaron Valencia en 2025 para buscar mejores oportunidades en otras comunidades autónomas. Esta cifra no solo representa un número, sino el fracaso de un sistema que forma profesionales para después expulsarlos con condiciones laborales precarias.
El testimonio de la precarización
Adrián Alonso, traumatólogo de 30 años formado en el hospital La Fe, decidió marcharse a Murcia el año pasado. Su historia es la de miles de jóvenes profesionales que el sistema valenciano está perdiendo: "Se paga mejor aquí en Murcia, los complementos y el salario base son superiores. Además tengo jornada de mañanas y puedo hacer jornada extra de tardes, que en Valencia las han quitado".
Las palabras de Adrián revelan una verdad incómoda para quienes defienden las políticas de austeridad en sanidad pública. Mientras se recortan derechos laborales y se precariza el empleo médico, otras comunidades ofrecen lo que Valencia niega: estabilidad, buenos salarios y condiciones dignas.
Números que no mienten
La progresión es alarmante y constante:
- 2021: 134 médicos jóvenes emigraron
- 2022: 150 profesionales
- 2023: 167 facultativos
- 2024: 176 médicos
- 2025: 201 especialistas
En solo mes y medio de 2026, ya son 16 los médicos que han seguido este camino. La tendencia es clara: el sistema está expulsando sistemáticamente a los profesionales que más necesita.
La trampa de los contratos precarios
"En los hospitales públicos de las grandes ciudades las plantillas son grandes y los médicos son de mayor edad, y cuando sacan contratos solo es para hacer guardias, son contratos precarios que la gente joven no quiere", explica Adrián con una lucidez que debería hacer reflexionar a los gestores públicos.
Los jóvenes médicos no buscan privilegios, buscan estabilidad. Quieren contratos dignos que les permitan desarrollarse profesionalmente, no parches temporales para cubrir bajas o vacaciones. "Lo que he conseguido aquí con 30 años, en Valencia lo podría haber tenido con 40 o más años", sentencia el traumatólogo.
La denuncia sindical
Omar Ruiz, presidente de la sección regional de sanidad de CSIF, no se anda con rodeos: "Denunciamos que la Comunitat está perdiendo talento médico joven. La falta de estabilidad tras el MIR, la sobrecarga asistencial, peores condiciones retributivas y la negativa a implantar las 35 horas son claves".
Esta situación no es casualidad, es el resultado de políticas deliberadas de precarización del empleo público. Mientras se habla de defender la sanidad pública, se la debilita desde dentro con condiciones laborales indignas.
El coste social de la mala gestión
La fuga de médicos jóvenes no es solo un problema laboral, es una cuestión de justicia social. Cada profesional que se marcha representa una inversión pública perdida y una reducción en la calidad asistencial para la ciudadanía.
Las listas de espera se alargan, el tiempo por paciente se reduce y la calidad de la atención se resiente. Todo mientras los gestores públicos se niegan a reconocer que el problema tiene nombre y apellidos: precarización laboral y falta de inversión en condiciones dignas.
Una reflexión necesaria
La historia de Adrián y los 200 médicos que como él han emigrado nos interpela como sociedad. ¿Cómo es posible que formemos excelentes profesionales para después expulsarlos con ofertas laborales indignas?
La respuesta está en las prioridades políticas. Mientras se mantenga la lógica de que lo público debe ser gestionado con criterios de rentabilidad empresarial, seguiremos perdiendo talento y debilitando nuestros servicios esenciales.
Es hora de que quienes toman las decisiones entiendan que invertir en condiciones laborales dignas no es un gasto, sino una inversión en el futuro de nuestra sanidad pública.