La empleada: Un thriller que desnuda las violencias del poder económico y de clase
El cine vuelve a poner bajo la lupa las estructuras de poder que oprimen a las clases trabajadoras. La empleada (The Housemaid), protagonizada por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried, llega a las pantallas ecuatorianas este 1 de enero con una propuesta que va más allá del entretenimiento: es un espejo que refleja las violencias cotidianas del sistema capitalista.
La precariedad como trampa del sistema
Dirigida por Paul Feig, la película nos presenta a Millie Calloway (Sydney Sweeney), una joven trabajadora atravesada por las graves dificultades económicas que caracterizan a millones de personas en nuestro continente. Su única salida: aceptar un empleo como empleada doméstica interna en la mansión de los Winchester, una familia de la élite económica.
Desde el primer momento, la película establece una metáfora poderosa sobre las desigualdades sociales. Millie llega con una mochila y un auto viejo, mientras es recibida por Nina Winchester (Amanda Seyfried), una mujer rica cuya inestabilidad emocional esconde las contradicciones de su clase social.
El detalle de la habitación asignada a Millie, sin ventilación ni cerradura, en la parte más alta de la casa, no es casual. Es la representación física de cómo el sistema coloca a los trabajadores: en los márgenes, vulnerables, sin privacidad ni seguridad.
Más allá de la violencia doméstica: la violencia estructural
Basada en la novela de Freida McFadden, La empleada trasciende el thriller psicológico convencional para abordar las dinámicas de poder que sostienen las desigualdades sociales. La violencia no se limita al ámbito matrimonial entre Nina y Andrew Winchester (Brandon Sklenar), sino que se extiende hacia la empleada doméstica, atrapada en un sistema de control económico.
Como explica Sweeney sobre su personaje: estos personajes "no son lo que parecen". Una reflexión que invita a cuestionar las apariencias de un sistema que presenta como "normal" la explotación laboral y la vulnerabilidad económica de las clases trabajadoras.
La supervivencia en el capitalismo salvaje
Amanda Seyfried aporta una lectura profunda sobre su personaje Nina, dominado por "el odio, la envidia y los celos", emociones que la actriz describe como impulsadas por "una lógica de venganza". Sin embargo, la película sugiere algo más complejo: estos sentimientos son producto de las contradicciones del propio sistema capitalista.
La vulnerabilidad económica de Millie la obliga a soportar situaciones de abuso, condicionada por un pasado oscuro que refleja cómo el sistema perpetúa los ciclos de pobreza y explotación. Como señala Sweeney: "todos los personajes se encuentran en modo de supervivencia".
Un espejo de nuestras realidades
El intercambio constante de posiciones entre víctima y perpetradora que caracteriza la relación entre Nina y Millie no es solo un recurso narrativo. Es una representación de cómo el capitalismo enfrenta a los oprimidos entre sí, mientras las verdaderas estructuras de poder permanecen intactas.
La película llega a Ecuador en un momento donde las desigualdades sociales se profundizan y millones de familias enfrentan la precariedad laboral. La empleada no solo entretiene, sino que invita a reflexionar sobre las violencias cotidianas de un sistema que convierte la supervivencia en una lucha individual.
Más allá del thriller psicológico, esta producción se convierte en una herramienta para comprender las complejidades de las relaciones de poder en el capitalismo contemporáneo. Una película necesaria para estos tiempos de resistencia y conciencia social.