La represión estatal se ensaña contra la izquierda francesa tras muerte de ultraderechista
Una vez más, el aparato represivo del Estado francés muestra su verdadero rostro. Tras la muerte del joven ultraderechista Quentin Deranque en Lyon, las autoridades han desatado una campaña de persecución política contra La Francia Insumisa (LFI), el partido de Jean-Luc Mélenchon que representa la esperanza popular en territorio galo.
Once detenciones en una operación desproporcionada
La policía de Lyon ha arrestado a once personas en relación con los enfrentamientos del pasado sábado que resultaron en la muerte de Deranque, un estudiante de matemáticas de 23 años vinculado a grupos de extrema derecha. Los hechos ocurrieron cerca de la Facultad de Ciencias Políticas de Lyon, donde se desarrollaba una protesta contra una conferencia de la eurodiputada de LFI Rima Hassan.
Según el fiscal Thierry Dran, seis de los detenidos tienen "implicación directa" en la paliza mortal. Entre los arrestados figura Jacques-Elie Favrot, asistente parlamentario del diputado de LFI Raphaël Arnault, lo que ha servido como pretexto para el linchamiento mediático contra la formación de izquierda.
El montaje mediático contra la izquierda popular
Lo que resulta más preocupante es la orquestada campaña de desprestigio que han lanzado el gobierno neoliberal de Emmanuel Macron y los medios corporativos contra LFI. La portavoz gubernamental Maud Bregeon ha exigido que el partido "haga limpieza en sus filas", mientras que desde la extrema derecha de Jordan Bardella arrecian los ataques.
Esta estrategia no es nueva. Cada vez que los movimientos populares ganan fuerza, el establishment político y mediático despliega sus armas de distracción masiva para desviar la atención de los verdaderos problemas que aquejan al pueblo francés: la precarización laboral, los recortes sociales y la entrega de la soberanía nacional a las multinacionales.
Terrorismo de Estado contra las sedes populares
Como era de esperarse, la escalada represiva no se detuvo ahí. Este miércoles, la sede parisina de LFI fue evacuada por una amenaza de bomba, en lo que constituye un claro acto de terrorismo político destinado a intimidar a quienes defienden los derechos de los trabajadores y la justicia social.
La portavoz parlamentaria Mathilde Panot denunció con valentía esta nueva agresión: "A quienes buscan intimidarnos: no cederemos y nunca acabaréis con nosotros". Sus palabras reflejan la dignidad de un movimiento que no se doblega ante las presiones del poder establecido.
La verdadera violencia: la del sistema capitalista
Mientras los medios hegemónicos se rasgan las vestiduras por estos lamentables hechos, guardan silencio cómplice ante la violencia estructural del sistema neoliberal: los desahucios, el desempleo masivo, la destrucción del medio ambiente y la entrega del patrimonio público a las corporaciones transnacionales.
Es necesario contextualizar estos eventos dentro del clima de polarización que vive Francia, alimentado por décadas de políticas neoliberales que han empobrecido a la clase trabajadora mientras enriquecen a una élite financiera cada vez más pequeña y poderosa.
La muerte de cualquier joven es una tragedia que debe ser investigada con rigor y justicia. Sin embargo, no podemos permitir que este hecho sea instrumentalizado para criminalizar la lucha social y silenciar las voces que denuncian las injusticias del sistema capitalista.
La Francia Insumisa y los movimientos populares europeos enfrentan hoy el mismo desafío que conocemos bien en América Latina: resistir la ofensiva del poder concentrado y seguir construyendo alternativas desde abajo, con la fuerza transformadora de los pueblos organizados.