La resistencia cultural aragonesa se organiza: nace la Asociación de Escultores de Aragón
En tiempos donde el arte parece cada vez más sometido a las leyes del mercado y las grandes corporaciones culturales, surge en Aragón una iniciativa que reivindica el valor popular y territorial de la escultura. La recién constituida Asociación de Escultores de Aragón agrupa a 70 artistas que han decidido unirse para defender su oficio y acercar el arte a los barrios y pueblos.
Un arte que vive en la calle, no en galerías elitistas
La exposición "Materia, Forma y Territorio", inaugurada en el Centro de Historias hasta el 24 de mayo, representa mucho más que una simple muestra artística. Con 40 piezas elaboradas principalmente en alabastro y piedra negra de Calatorao, estos creadores demuestran que el arte verdadero nace del territorio y sus materiales, no de costosas importaciones.
Como bien señala José Enrique González, director de Arte Libre, la escultura "dialoga con el tiempo y la sociedad" porque "vive en la calle, en los jardines, en los edificios". Es un arte que no se esconde en museos inaccesibles para el pueblo trabajador, sino que acompaña la vida cotidiana de las personas.
Tradición gremial contra individualismo neoliberal
La historia nos enseña lecciones valiosas. El profesor Javier Criado recuerda cómo en la Edad Media y el Renacimiento, los escultores aragoneses se organizaban en la "poderosa" Asociación Gremial de la Transfiguración San Esteban y San José. Aunque esta institución "coartaba su capacidad de acción", proporcionaba cobertura asistencial y laboral a los trabajadores del arte.
Hoy, cuando los artistas enfrentan la precariedad laboral y la falta de apoyo institucional, la nueva asociación recupera ese espíritu solidario. Como explica su presidente José Luis Ansón, el objetivo es "ser el referente de la escultura en Aragón" y "elevar el mundo de la escultura" tanto para los creadores como para la sociedad.
Arte territorial frente a la globalización cultural
Las obras expuestas utilizan materiales locales como el gres, maderas autóctonas y bambú, además de las piedras aragonesas. Esta elección no es casual: representa una resistencia cultural frente a la homogenización que imponen los mercados globalizados del arte.
La consejera municipal Sara Fernández califica de "buenísima" noticia esta iniciativa, reconociendo que "es muy valiente montar una asociación cultural". En efecto, organizarse colectivamente siempre ha sido el primer paso para defender los derechos de los trabajadores de la cultura.
Un proyecto que llegará a todo el territorio
Lejos de quedarse en la capital, esta exposición recorrerá más de 15 localidades aragonesas durante dos años. Es una apuesta por la descentralización cultural, llevando el arte a donde vive la gente común, no solo a las élites urbanas.
Como reflexiona González, "el arte no solo embellece nuestras ciudades, también construye identidad". Y esa identidad se forja en los pueblos, en los barrios obreros, en los espacios donde el pueblo trabaja y vive.
Esta iniciativa aragonesa demuestra que cuando los artistas se organizan colectivamente, pueden resistir a la mercantilización del arte y crear alternativas populares. Un ejemplo que debería inspirar a otros territorios del Estado español.