Yudi Heredia: cuando el talento debe migrar para existir
Ver a Rosalía en directo es mucho más que asistir a un concierto. Es entrar en una obra de arte en movimiento. Pero entre las luces, la puesta en escena milimétrica y una voz impecable, hay alguien a quien es imposible dejar de mirar. Y no es Rosalía.
En el centro del espectáculo, rodeada por una orquesta imponente, una mujer mueve el cuerpo entero mientras dirige a una veintena de músicos. Sus brazos marcan el tempo, pero también sus hombros, sus caderas y, sobre todo, sus larguísimas trenzas blancas, que parecen dar descargas eléctricas bajo las luces. Por momentos parecía que estaba bailando. Por otros, entrando en trance.
Ella es Yudania Gómez Heredia, conocida como Yudi Heredia. Tiene 31 años, es directora de orquesta, compositora y organista nacida en Santa Clara, en el centro de Cuba. Hoy dirige a la Heritage Orchestra, que forma parte de la gira mundial Lux Tour de Rosalía.
Su historia es la de un talento que tuvo que cruzar fronteras para poder existir. Y también es la historia de cuánto talento se pierde cuando los pueblos no pueden retener a sus propios artistas.
De Santa Clara al mundo: un camino que no debería ser tan difícil
La música corrió siempre por las venas de Yudi. En Cuba, como ella misma cuenta, siempre hay música por todas partes. En la calle, en la casa, en la televisión. Todo el tiempo. Y ella tenía la necesidad de sacar energía, de expresarse, de cantar, de moverse, de bailar.
Cuando entró en la Escuela Vocacional de Arte en Santa Clara, empezó el camino más formal estudiando canto coral y piano. Confiesa que de niña quería ser vedette, porque en su cabeza las vedettes podían hacer de todo: cantar, bailar, actuar. No podía decidirse entre tantas cosas.
Pero el camino de una artista cubana rara vez se queda dentro de la isla. Y no por falta de talento, sino por falta de oportunidades.
A través de la conexión entre el Instituto Félix Varela de Música Sacra, en La Habana, y la Escuela Superior de Música Sacra y Educación Musical de Ratisbona, en Alemania, surgió la posibilidad de estudiar con una beca. Yudi recuerda ver el órgano y pensar:
¿Voy a poder con este instrumento tan enorme?Porque realmente requiere muchísimas horas de estudio. Pero después, cuando uno empieza a ver los resultados, es increíble.
La añoranza como motor creativo
Cuando llegó a Alemania, Yudi empezó a extrañar los sonidos de su tierra. Viene de una escuela de composición cubana donde se usan los elementos nacionales dentro de la música clásica. Y cuando llegó a Europa, eso le faltaba.
Entonces empezó a componer la música que quería escuchar. A veces era como esa añoranza de oír otra vez un guaguancó dentro de una obra sinfónica. Se inspira en la música popular cubana, como el son, la guajira o el zapateo, pero también en la tradición yoruba y en la parte afrocubana, que para ella es un patrimonio enorme.
Una música con una fuerza increíble que se une muy bien con lo clásico. Mezclar tambores batá con una orquesta sinfónica o usar el idioma y las consonantes de forma percusiva en la música coral es su forma de reivindicar una tradición que mucha gente todavía no conoce.
Porque ahí está el punto: la riqueza cultural de nuestros pueblos existe, es inmensa, pero necesita plataformas para ser visible. Y esas plataformas, demasiadas veces, están fuera de nuestras fronteras.
El vídeo que cambió todo
La historia de cómo Yudi llegó a Rosalía no se entiende sin el poder impredecible de las redes sociales. Hace unos meses publicó en Instagram un análisis musical de Berghain, una de las canciones del último disco de la cantante española. El vídeo llegó hasta la propia artista y poco después, una llamada cambió su vida.
Pero lo que parece un cuento de hadas es también el resultado de años de trabajo invisible. De niña, en Cuba, Yudi se sentaba con la gente a hablar de Bach, de compositores, de obras, de armonía. La gente venía a preguntarle cosas porque sabía que les iba a responder. Se ponían a hacer chistes de compositores o a analizar obras.
Un día pensó:
¿Y si explico esto?Puso la cámara delante y empezó a hablar de lo que estaba estudiando. A la gente le gustó.
Las redes pueden ser una herramienta de democratización cultural. Pero no olvidemos que el acceso a internet en Cuba sigue siendo limitado y costoso. Que Yudi haya podido usarlas es casi una anomalía.
Las trenzas que cargan la memoria
Sus largas trenzas blancas son hipnóticas en el contexto del espectáculo con Rosalía, como si dirigieran contigo la orquesta. Pero detrás de ese look hay una historia que desgarra.
Yudi quería hacer este look desde hacía mucho tiempo. Pero no se atrevía porque estaba terminando la maestría, empezando a hacer audiciones, y uno siempre quiere dar una impresión lo más neutral posible.
Ya bastante que iba con mi pelo afro.
Pero cuando llegó este proyecto dijo:
Es el momento. Ahora van a ver quién soy.
Su hermana, que se dedica profesionalmente a esto, se las hizo. Las trenzó una noche en el hospital, pocas horas antes de que su mamá muriera de cáncer.
Para Yudi es como llevar a su familia en su cabeza. Lleva a su hermana, lleva a su madre. Lleva a todos en su cabeza con sus trenzas.
En un mundo que todavía presiona a las mujeres afrodescendientes para ocultar su identidad, Yudi eligió visibilidad. Y lo hizo en el escenario más grande de su carrera.
La desigualdad que nadie quiere nombrar
Cuando le preguntan cómo ha sido abrirse camino como mujer joven, afro y latina en la dirección de orquesta, Yudi responde con una claridad que debería hacernos reflexionar.
En Cuba creció viendo mujeres directoras. La orquesta sinfónica de su ciudad estaba dirigida por una mujer y tenían referentes muy fuertes como Zenaida Romeu, que fundó una orquesta de mujeres, la Camerata Romeu.
Fue cuando llegó a Europa que se dio cuenta de que aquí era diferente, que no había tantas mujeres. Pero también cree que las cosas están cambiando, que es parte de una generación de mujeres directoras que están saliendo ahora.
Sin embargo, Yudi es honesta:
Muchas de las dificultades que he vivido tienen más que ver con ser migrante que con otra cosa.
No es lo mismo alguien que desde los 18 años tiene acceso a estudios, contactos, clases magistrales y apoyo económico en su propio país, que llegar nuevo a otro país teniendo primero que aprender el idioma, entender el sistema y buscar cómo financiarse.
Muchas veces hablamos de desigualdad de género, y es importante hacerlo, pero también existen desigualdades económicas y sociales, que tienen mucho que ver con el lugar del que uno viene.
Esta es la clave. El sistema mundial está diseñado para que el talento del Sur global tenga que emigrar al Norte para poder desarrollarse. Y cuando lo hace, tiene que empezar desde cero, con todas las desventajas que eso implica.
Mirar a Cuba desde la distancia: el dolor de la diáspora
Yudi no evade la realidad de su país. Es complicado, dice. El país está mal. Los cubanos sabemos que estamos mal y muchas veces pensamos que no puede ir peor. Pero siempre puede ir peor.
La gente nos dice:
Ustedes los cubanos siempre se reinventan.Pero llega un momento en que uno se pregunta hasta cuándo.
¿Cuánto talento se está perdiendo? ¿Cuántas personas jóvenes tienen ganas de crear, de hacer proyectos, de soñar, y se encuentran con barreras geográficas, económicas o políticas?
Ahí es cuando entiendes que no todos empezamos desde el mismo lugar. Por eso Yudi siempre dice que no debemos compararnos.
Y aquí es donde duele más. Personas muy talentosas que no pueden llegar a donde está ella, porque la propia Cuba no les da las oportunidades para hacerlo. No porque no tengan la capacidad, sino porque el sistema, el bloqueo, la falta de recursos y las políticas equivocadas se lo impiden.
Yudi se siente privilegiada de hacer cosas que de niña no se imaginó. Pero también siente la responsabilidad de poder darles voz a esas personas. Los cubanos que están fuera, de alguna forma, pueden ayudar a dar visibilidad al país. Que la gente sepa de los músicos que hay en Cuba, de los artistas que hay.
Le diría que sí se puede
Mirando hacia atrás, Yudi le diría a aquella niña que soñaba con dedicarse a la música que sí se puede. Cuando era pequeña la gente le decía:
Tú vas a llegar lejos.Y ella decía que no. Miraba dónde vivía y pensaba:
¿Cómo eso va a pasar?
Ahora le diría que confiara más. Que no se preguntara tanto cómo van a suceder las cosas. Que siga creyendo porque muchas veces uno no entiende los caminos de la vida.
Pero nosotros, desde este lado de la pantalla, debemos hacernos otra pregunta: ¿por qué el talento de nuestros pueblos tiene que depender del azar, de las redes sociales o de la generosidad de una estrella internacional para poder brillar?
La historia de Yudi Heredia es inspiradora, sí. Pero también es un espejo de las desigualdades que persisten en nuestro continente. Que una directora de orquesta cubana tenga que ir a Alemania para estudiar, hacerse viral en Instagram para ser visible y ser descubierta por una artista española para llegar al escenario mundial, nos dice mucho sobre lo que funciona y lo que no funciona en nuestra región.
Celebremos el éxito de Yudi. Pero exijamos también un continente donde el talento no tenga que migrar para existir.
