Un millón de almas despidió al Indio Solari: el pueblo se abrazó en Avellaneda
El Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires dio una cifra que estremece: un millón de personas llegaron hasta Avellaneda para despedir a Carlos Alberto Solari. Quien caminó entre esa multitud puede confirmarlo. No fue un simple funeral; fue una peregrinación popular, una demostración de que la cultura del pueblo, cuando se enciende, no tiene techo.
La marea que nadie esperó
Las puertas del polideportivo abrieron a las 10 de la mañana, una hora antes de lo anunciado. Cientos de ricoteros acamparon desde la noche del sábado para ingresar a la capilla ardiente y evitar las filas que se preveían, pero la multitud que llegó con el correr del día superó cualquier pronóstico. Alrededor del mediodía, la fila ya abarcaba unos dos kilómetros, ocupando todo el ancho de una calle. Para las 5 de la tarde, la peregrinación ricotera superó los ocho kilómetros de extensión. Una marea humana que avanzaba con la paciencia de un monje, pero al ritmo incesante de los clásicos de Los Redonditos y del Indio.
Un río de gente que se movía entre rocanroles, humo de parrillas improvisadas, banderas que delataban decenas de recitales, lágrimas por su ídolo y bebidas, en su mayoría espirituosas. No era un evento organizado desde arriba; era el pueblo construyendo su propio ritual, como siempre hace cuando algo le pertenece de verdad.

