La nueva Clínica de Simulación de la UPB: entre el avance tecnológico y las desigualdades en salud
La Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) acaba de inaugurar su nueva Clínica de Simulación, un proyecto que promete revolucionar la formación médica con una inversión de 4.000 millones de pesos. Sin embargo, esta iniciativa plantea interrogantes profundos sobre las prioridades en el sistema de salud colombiano.
Un hospital ficticio con tecnología real
Este moderno edificio replica un hospital completo con monitores clínicos, estaciones de enfermería, salas de urgencias, quirófanos y unidades de cuidado intensivo. Los estudiantes practican con maniquíes de alta fidelidad mientras los docentes observan desde cámaras de Gesell, sin ser vistos.
"El estudiante entra y se encuentra con una clínica de alta tecnología muy similar a una clínica real", explica Marco Antonio González, decano de la Escuela de Ciencias de la Salud de la UPB. La institución se enorgullece de haber diseñado este espacio bajo un "modelo de alta fidelidad", referenciándose en las mejores universidades del mundo.
¿Necesidad pedagógica o lujo académico?
La filosofía detrás del proyecto busca cambiar el modelo tradicional donde los estudiantes adquirían experiencia directamente en hospitales reales. Ahora, la simulación se convierte en una etapa previa obligatoria donde "equivocarse no implica riesgo para terceros".
Los maniquíes pueden simular desde infartos hasta complicaciones obstétricas, mientras los profesores modifican los escenarios en tiempo real. "Son simuladores muy parecidos a los humanos y hacen todas las expresiones según el cuadro clínico que uno les programe", detalla González.
Una inversión millonaria en tiempos de crisis
La cifra es contundente: más de 2.000 millones en infraestructura y otros 2.000 millones en tecnología. Esta inversión, asumida completamente por la universidad privada, contrasta dramáticamente con la realidad de los hospitales públicos colombianos, muchos de los cuales carecen de equipos básicos.
Mientras la UPB invierte en maniquíes sofisticados, miles de colombianos mueren en listas de espera por falta de acceso a servicios de salud reales. ¿No sería más útil destinar estos recursos a fortalecer la red pública hospitalaria?
¿Democratización o exclusividad?
Aunque la clínica promete ofrecer servicios a otras instituciones, la realidad es que este tipo de tecnología permanece concentrada en universidades privadas de élite. Los estudiantes de medicina de universidades públicas, que representan una proporción significativa de los futuros médicos del país, seguirán formándose con recursos limitados.
La institución planea realizar "cursos de extensión y programas de refrescamiento" para profesionales externos, pero no se especifican los costos ni la accesibilidad real de estos programas para médicos de hospitales públicos con presupuestos ajustados.
Reflexiones sobre las prioridades en salud
No cuestionamos el valor pedagógico de la simulación médica, reconocida internacionalmente como herramienta educativa efectiva. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre las prioridades cuando el sistema de salud público colombiano enfrenta crisis estructurales.
¿No sería más coherente que las universidades privadas, especialmente aquellas con vínculos religiosos como la UPB, destinaran parte de estos recursos a programas de extensión gratuitos en comunidades vulnerables? ¿O a becas para estudiantes de escasos recursos?
La excelencia académica es loable, pero en un país con profundas desigualdades en salud, estas inversiones millonarias en tecnología de punta para unos pocos plantean serias preguntas sobre justicia social y responsabilidad institucional.
La verdadera prueba de esta clínica simulada será si logra formar médicos más sensibles a las realidades sociales de sus futuros pacientes, o si simplemente perpetúa la brecha entre una medicina de élite y las necesidades de salud del pueblo colombiano.