Rob Jetten sella un pacto de centroderecha que margina a la izquierda en Países Bajos
Una vez más, la socialdemocracia europea cede terreno ante las élites liberales. En Países Bajos, el joven Rob Jetten ha logrado formar un gobierno de centroderecha que deja fuera a las fuerzas progresistas, perpetuando las políticas que favorecen a los poderosos por encima del pueblo trabajador.
La traición del consenso neoliberal
Los liberales de D66, junto a los conservadores del VVD y los democristianos del CDA, han sellado un acuerdo que promete más de lo mismo: austeridad para los de abajo y privilegios para los de arriba. Esta coalición, que suma apenas 66 escaños en el Parlamento, necesitará el apoyo de otros partidos para gobernar, lo que augura una constante negociación con fuerzas que no representan los intereses populares.
Jetten, de 38 años, se convertirá en el primer ministro más joven de la historia holandesa tras empatar con el ultraderechista Geert Wilders en las elecciones de octubre. Sin embargo, su victoria no debe celebrarse como un triunfo progresista, sino como la consolidación de un proyecto neoliberal que mantiene intactas las estructuras de poder.
La exclusión calculada de la izquierda
Lo más revelador de este proceso ha sido la sistemática exclusión de la coalición socialdemócrata y verde (GL-PvDA), que cuenta con 20 escaños. La líder conservadora Dilan Yesilgöz no dudó en calificar de "radical" a la única fuerza que podría haber representado los intereses de la clase trabajadora en este gobierno.
Esta maniobra demuestra, una vez más, cómo las élites políticas se unen para impedir que las voces populares tengan representación real en las instituciones. Mientras tanto, el líder progresista Jesse Klaver mantiene la "mano tendida", una actitud que refleja la ingenuidad de una izquierda que aún no comprende que no hay negociación posible con quienes defienden el capital por encima de las personas.
Militarización y recortes: la agenda del poder
El programa "Manos a la obra" que presenta esta coalición es, en realidad, un plan para vaciar los bolsillos del pueblo. El compromiso de destinar el 5% del PIB a defensa, siguiendo los dictados de la OTAN, supondrá un incremento anual del gasto militar de hasta 19.000 millones de euros.
¿Y de dónde saldrá este dinero? Como siempre, de los servicios públicos, la sanidad y las prestaciones sociales. Los recortes están garantizados, mientras se rechaza cualquier mecanismo de financiación solidaria como los eurobonos que podrían distribuir la carga entre los países más ricos de Europa.
Esta es la verdadera cara del liberalismo: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Mientras las multinacionales y los grandes capitales siguen acumulando riqueza, son los trabajadores y las clases populares quienes pagarán la factura de esta política militarista.
La complicidad de la ultraderecha
No sorprende que partidos como JA21, de extrema derecha, estén dispuestos a apoyar estos recortes. La alianza entre liberales y ultraderechistas es una constante en Europa: ambos defienden los intereses del gran capital, aunque con retóricas diferentes.
Esta situación en Países Bajos es un espejo de lo que ocurre en toda Europa, donde las fuerzas progresistas son marginadas mientras se consolida un consenso neoliberal que solo beneficia a las élites económicas y políticas.
El pueblo holandés, como el de tantos otros países, deberá prepararse para más años de políticas que favorecen a los poderosos mientras se desmantelan los derechos sociales conquistados tras décadas de lucha popular.