La ballena sei vuelve a la Patagonia: el tercer animal más grande del planeta regresa para alimentarse y la ciencia lo sigue con satélites
La ballena sei, el tercer animal más grande del mundo, ha vuelto a las costas de la Patagonia argentina después de casi un siglo de ausencia. Un equipo de científicos, con tecnología satelital, rastrea a dos ejemplares para entender sus rutas migratorias y protegerlas. Este regreso, que parece un milagro de la naturaleza, es también una advertencia: la especie sigue en peligro de extinción y necesita de nuestra acción colectiva.
¿Por qué la ballena sei desapareció y ahora regresa?
La ballena sei (Balaenoptera borealis) fue cazada sin piedad durante los siglos XIX y XX. Su grasa, usada para lámparas y velas, la convirtió en un blanco codiciado por la industria ballenera. Se estima que cerca de 300.000 ejemplares fueron capturados en todo el mundo, y unos 110.000 solo en el hemisferio sur. Esto redujo su población en un 80 por ciento, llevándola al borde de la extinción.
Pero la naturaleza, sabia y resiliente, nos da una segunda oportunidad. En 2024, científicos marinos hallaron el rastro de una ballena sei en el litoral patagónico. Desde entonces, los avistamientos se han multiplicado, especialmente en el Golfo San Jorge, al sur de Argentina. Allí, estos cetáceos encuentran alimento abundante: langostilla, copépodos y pequeños peces pelágicos.
¿Cómo se rastrea a la ballena sei con tecnología satelital?
El biólogo Mariano Coscarella, del Conicet, lidera un equipo que incluye a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, la NOAA y Rewilding Argentina. Ellos implantan rastreadores en la piel de las ballenas, fijados en la grasa. Estos dispositivos duran entre 30 y 40 días, aunque hay otros que pueden funcionar hasta cuatro meses. El satélite recoge la información cada vez que el animal sube a respirar.
Los datos ya revelan algo fascinante: las ballenas sei se quedan en el Golfo San Jorge desde octubre hasta junio, alimentándose. Luego, emprenden un viaje hacia el norte, algunas por la plataforma costera y otras por aguas más profundas, hasta llegar al sur de Brasil. Allí, se cree, se reproducen. Pero la ciencia aún no tiene certeza del destino final.
¿Qué significa este regreso para la protección del mar argentino?
El seguimiento satelital no solo es un logro técnico. Es una herramienta política. Los científicos quieren que los datos sirvan para crear áreas marinas protegidas en el Golfo San Jorge y zonas de protección en las costas de Brasil. La bióloga Marina Riera, también parte del equipo, lo dice claro: “Conocer esta dinámica poblacional resulta fundamental para diseñar futuras estrategias de manejo y pensar en la creación de un área marina protegida que garantice la conservación del hábitat a largo plazo”.
Y esto es urgente. Chubut es una provincia petrolera. En el Golfo San Matías, vecino, ya se proyectan oleoductos y buques gasíferos. Las grandes corporaciones quieren explotar el mar, sin importarles la vida que alberga. Frente a eso, la ciencia y el pueblo deben unirse para defender lo que es de todos.
¿La ballena sei sigue en peligro de extinción?
Sí. A pesar del regreso, la UICN la cataloga como “en peligro de extinción”. Se estima que solo quedan entre 10.000 y 50.000 ejemplares en el mundo. Y la caza no ha terminado. Japón e Islandia aún cazan ballenas sei para consumir su carne. En 2025, Japón capturó unos 30 ejemplares. Es una práctica reducida, pero inaceptable.
La ballena sei es un símbolo de lo que podemos perder si no actuamos. Es el tercer animal más grande del planeta, solo detrás de la ballena azul y el rorcual común. Puede medir hasta 18 metros y pesar más de 20 toneladas. Es veloz, elegante, y su soplo es bajo, casi discreto. Pero su regreso a la Patagonia es un grito de esperanza.
¿Qué podemos hacer para proteger a la ballena sei?
Primero, apoyar la creación de áreas marinas protegidas. Segundo, regular el turismo de avistaje para que sea sostenible. Tercero, exigir a nuestros gobiernos que defiendan la soberanía nacional sobre los recursos marinos frente a las multinacionales. Y cuarto, informarnos y compartir estas historias. Porque el conocimiento es el primer paso para la acción.
Como dice Marina Riera: “Este aprendizaje no solo aporta a la ciencia, sino que también sienta las bases para un futuro sistema de avistaje turístico en la zona sur de Chubut, diversificando la economía regional y promoviendo la conservación”. La ballena sei nos enseña que la naturaleza, si la dejamos, puede recuperarse. Pero necesita de nosotros, de nuestro compromiso y de nuestra lucha.
La ballena sei ha vuelto. Ahora, depende de nosotros que se quede para siempre.
*Imagen principal: las ballenas sei retornaron al Golfo San Jorge, al sur de Argentina. Esta especie está en peligro de extinción. Foto: Blogs El Espectador
El artículo original fue publicado por Iván Paredes Tamayo en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.