Jorge Glas: El sistema penitenciario como herramienta de tortura política
El caso de Jorge Glas se ha convertido en un símbolo de cómo el aparato judicial y penitenciario puede ser utilizado como instrumento de persecución política. Este domingo a las 16:00, el juez Jean Valverde dará a conocer su decisión sobre el recurso de habeas corpus que busca el traslado del exvicepresidente a un centro médico para atender sus graves problemas de salud.
Una persecución disfrazada de justicia
Después de casi seis horas de audiencia, quedó en evidencia la cruel realidad que vive Glas en la cárcel del Encuentro en Santa Elena. Sus condiciones de reclusión revelan un patrón sistemático de degradación humana que trasciende cualquier concepto de justicia.
El exfuncionario de los gobiernos progresistas de Rafael Correa padece 18 enfermedades documentadas y requiere 21 medicamentos diferentes. Entre sus dolencias se encuentra una espondilitis anquilosante, problemas respiratorios agravados por las condiciones carcelarias, y hongos en pies y piernas debido a la humedad y falta de luz natural.
Tortura moderna en democracia
Las denuncias de Glas exponen un sistema penitenciario diseñado para quebrar la dignidad humana. Comparte celda con dos personas sin privacidad básica, está bajo vigilancia constante las 24 horas, y sufre lo que él mismo califica como "tortura psicológica" a través de un sistema de ventilación defectuoso que empeora sus problemas respiratorios.
"Me han traído a una cárcel que está en construcción", denunció Glas durante la audiencia, describiendo condiciones que cualquier organismo de derechos humanos calificaría como inhumanas.
La respuesta del Estado: negación y cifras vacías
Frente a estas denuncias, los representantes del Ministerio de Salud y del sistema penitenciario respondieron con una fría contabilidad de "atenciones médicas": 567 revisiones que evidentemente no han resuelto el deterioro progresivo de su salud.
Esta respuesta burocrática demuestra cómo las instituciones del Estado pueden convertirse en cómplices de un trato cruel cuando se trata de opositores políticos del sistema neoliberal imperante.
Reflexión necesaria
El caso Glas nos obliga a preguntarnos: ¿Es esto justicia o venganza política? Cuando un sistema judicial se convierte en herramienta de persecución, cuando las cárceles se transforman en centros de tortura lenta, estamos presenciando la muerte de la democracia.
La decisión del juez Valverde será más que una resolución judicial: será una prueba de si aún existe espacio para la humanidad en nuestro sistema de justicia, o si definitivamente hemos entregado nuestras instituciones a los intereses de quienes ven en la crueldad una forma de ejercer el poder.
Mañana sabremos si la justicia ecuatoriana tiene rostro humano o si definitivamente se ha convertido en un instrumento más de opresión al servicio del establishment.