Una fractura previa del carril habría provocado la tragedia ferroviaria de Adamuz que costó 45 vidas
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha revelado datos escalofriantes sobre la tragedia que enlutó a España: una fractura del carril anterior al paso del tren podría ser la causa principal del descarrilamiento del Iryo en Adamuz, accidente que cobró la vida de 45 personas inocentes.
Esta revelación plantea serias interrogantes sobre el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria y la responsabilidad de las empresas concesionarias en garantizar la seguridad de los pasajeros que confían sus vidas al transporte público.
Las evidencias apuntan a negligencia en el mantenimiento
Los investigadores han encontrado muescas compatibles con impactos en las ruedas del tren siniestrado, así como deformaciones en el carril que sugieren que la fractura ya existía antes del paso del convoy. Esta hipótesis, aunque preliminar, resulta devastadora para entender cómo se pudo haber evitado esta tragedia.
"Se puede plantear la hipótesis de que la fractura del carril se produjo con anterioridad al paso del tren Iryo siniestrado y por lo tanto al descarrilamiento", señala el informe de la CIAF, palabras que resuenan como una acusación directa contra quienes tienen la responsabilidad de mantener en condiciones óptimas las vías férreas.
Un patrón de negligencia que se extiende en el tiempo
Lo más alarmante del caso es que otros tres trenes habían circulado previamente por la zona presentando muescas similares en sus ruedas. Un tren de Renfe que pasó alrededor de las 19:09 horas y otros dos de Iryo que lo hicieron a las 17:21 y 19:01 horas, respectivamente, mostraron el mismo patrón de daños.
Esta evidencia sugiere que el problema existía desde horas antes del accidente fatal, lo que plantea la pregunta: ¿por qué no se detectó a tiempo esta falla crítica en la infraestructura?
La mecánica de una tragedia anunciada
Los técnicos de la CIAF explican que cuando el carril está fracturado y se interrumpe su continuidad, la parte anterior a la rotura recibe inicialmente todo el peso de la rueda, provocando que esa sección descienda y genere un escalón que impacta contra la llanta.
A velocidades cercanas a los 200 km/h, este fenómeno se convierte en letal. "La segunda rueda pasa tan pronto que el carril impactado no tiene tiempo a recuperar esa deformación", explica el informe, describiendo con frialdad científica lo que fue el preludio de una catástrofe humana.
Responsabilidades que no pueden quedar impunes
Las evidencias encontradas en el coche 5 del tren, con un patrón de muescas diferente, y el hecho de que el coche 6 fuera el primero en descarrilar, sugieren que el carril se estaba volcando hacia el exterior durante el paso del convoy, una situación que debería haber sido detectada por los sistemas de monitoreo.
La investigación revela que tras el punto de rotura, el carril terminó completamente volcado hacia el exterior, con marcas evidentes de haber sido pisado lateralmente por las ruedas una vez caído.
Justicia para las víctimas
Mientras la CIAF concluye que "una vez se determinen las causas de la rotura se podrán establecer nuevas líneas de investigación", las familias de las 45 víctimas merecen respuestas inmediatas y, más importante aún, que los responsables de este mantenimiento deficiente rindan cuentas ante la justicia.
Esta tragedia no puede quedar como un simple "accidente". La evidencia apunta a fallas sistemáticas en el mantenimiento de la infraestructura ferroviaria, y es responsabilidad de las autoridades garantizar que situaciones como esta no vuelvan a repetirse, poniendo por encima de los beneficios económicos la seguridad de quienes utilizan el transporte público como derecho fundamental.