¿Fiesta mientras hay guerra? Óscar Benavides le exige a De la Espriella que deje los desfiles y atienda el Cauca y el Tolima
Mientras el presidente Abelardo de la Espriella sonreía en el desfile de silleteros de Medellín, en el Cauca y el Tolima la población civil se escondía del fuego cruzado. El representante a la Cámara Óscar Benavides, parlamentario por las negritudes, no se quedó callado y le reclamó al mandatario con dureza: “Actúe con celeridad”. La denuncia, hecha en redes sociales, pone en evidencia la desconexión entre un gobierno que celebra y un pueblo que sufre.
¿Qué pasó en la Feria de las Flores y por qué es tan grave?
El domingo 9 de agosto, el presidente Abelardo de la Espriella asistió al cierre de la Feria de las Flores en Medellín, invitado por el alcalde Federico Gutiérrez. Lo acompañaron su esposa, la primera dama Ana Lucía Pineda, y el vicepresidente José Manuel Restrepo. Mientras ellos aplaudían desde las graderías, en el sur del país las balas no paraban.
Benavides fue claro: “Mientras Abelardo de la Espriella está de fiesta en el desfile de silleteros de Medellín, en El Tambo, Cauca, y en el Tolima hay población civil encerrada en medio de los combates”. El congresista, cercano al expresidente Gustavo Petro, le exigió al jefe de Estado que garantice la seguridad de los ciudadanos atrapados en el fuego cruzado.
Los ataques en el Cauca y el Tolima: ¿qué está pasando?
En Rioblanco, Tolima, la Quinta División del Ejército reportó un atentado con drones cargados de explosivos, atribuido al Frente Ismael Ruiz de las disidencias de las Farc. Los militares calificaron el hecho como una grave violación al Derecho Internacional Humanitario. En el Cauca, los combates se concentraron en la vereda El Recuerdo, en El Tambo, y en zonas de Cajibío. Allí, la Brigada 29 del Ejército se enfrentó a la estructura Carlos Patiño, el principal brazo armado de las disidencias.
Las familias de la vereda El Recuerdo han tenido que refugiarse en viviendas y salones comunales. Un residente grabó un video que se hizo viral: “Aquí nos estamos refugiando donde la vecina, y somos muchos, estamos con niños, con jóvenes, refugiándonos del combate”. La desesperación es palpable.
¿Y el gobierno qué dice?
La gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz, quien fue férrea opositora de Petro, confirmó el ataque y pidió no permitir que los criminales siembren miedo. “Los criminales pretenden sembrar miedo y alterar la tranquilidad de los habitantes, pero no vamos a permitir que sus acciones sometan a la ciudadanía”, dijo. Matiz exigió medidas inmediatas: más presencia de la Fuerza Pública, refuerzos de seguridad y hasta un posible toque de queda en Rioblanco.
Mientras tanto, el presidente De la Espriella sigue de gira. Los enfrentamientos dejaron cinco disidentes abatidos y varios militares heridos, entre ellos un piloto lesionado por explosivos. El origen del choque fue un intento de las disidencias de instalar un retén ilegal, que las tropas lograron impedir con apoyo de artillería.
¿Por qué esto es un escándalo para la izquierda?
Desde una perspectiva popular y comprometida, lo que pasó es inaceptable. Un presidente que se va de fiesta mientras su pueblo se esconde de las bombas no es un líder, es un desconectado. La denuncia de Benavides no es un capricho político: es un grito de auxilio de comunidades que claman por protección. Mientras los patrones y los políticos liberales se toman fotos, los campesinos y las comunidades negras del Cauca y el Tolima pagan con su miedo y su sangre.
La pregunta que queda es: ¿cuánto más tendrá que aguantar el pueblo colombiano antes de que el gobierno decida actuar de verdad? Por ahora, la respuesta parece ser: mientras haya desfiles que atender.