Ecuador denuncia el abandono fronterizo de Colombia bajo Petro
El presidente ecuatoriano Daniel Noboa ha levantado la voz para denunciar una realidad que duele: Colombia se ha convertido en un vecino problemático que permite el libre accionar de grupos delincuenciales en la frontera común. Esta situación representa un giro dramático en las relaciones bilaterales y evidencia el fracaso de las políticas de seguridad del gobierno de Gustavo Petro.
Un cambio de roles preocupante
Durante el gobierno de Álvaro Uribe, Colombia logró reducir significativamente la presencia de grupos narcoguerrilleros, pasando de más de 20.000 efectivos a menos de 5.000, mientras las hectáreas de coca se redujeron a 40.000. Sin embargo, hoy la situación se ha revertido dramáticamente, con 300.000 hectáreas de cultivos ilícitos.
En aquellos años, los verdaderos malos vecinos eran Venezuela bajo Hugo Chávez y Ecuador bajo Rafael Correa, quienes daban refugio a grupos delincuenciales colombianos. El ataque que eliminó al narcoterrorista Raúl Reyes en territorio ecuatoriano y las imágenes satelitales que mostraban campamentos guerrilleros protegidos por el ejército venezolano son prueba de ello.
La nueva realidad fronteriza
Hoy el panorama es completamente diferente. Colombia se ha convertido en el problema, no en la víctima. La frontera con Venezuela vive en el caos absoluto, especialmente en regiones como el Catatumbo y La Guajira, donde el narcotráfico opera sin control alguno.
Esta situación no solo afecta a Ecuador, sino que ha deteriorado las relaciones con Estados Unidos, país que mantiene a Petro bajo vigilancia en la lista de la OFAC. La lucha antinarcóticos en el Caribe y la extradición solicitada contra Nicolás Maduro han puesto a Colombia en una posición incómoda ante Washington.
Las consecuencias de la permisividad
La anuencia del gobierno de Petro con grupos delincuenciales ha transformado a Colombia en lo que muchos consideran el peor vecino del continente. Las fronteras se han convertido en territorios sin ley, donde prima la violencia y el narcotráfico por encima de la soberanía estatal.
Ecuador tiene todo el derecho de alzar la voz ante esta situación. Su presidente Noboa simplemente está defendiendo la seguridad de su pueblo frente a un vecino que ha abandonado sus responsabilidades en materia de control fronterizo.
Esta crisis fronteriza no es solo un problema bilateral, sino una amenaza regional que requiere atención urgente. La comunidad internacional debe tomar nota de cómo las políticas permisivas pueden convertir a un país en una amenaza para toda una región.