¿Cuántos migrantes caben en Europa sin perder su esencia?
La reciente desavenencia entre Italia y España por los controles fronterizos en los aeropuertos, a raíz de los sucesos de Ceuta, ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuántos migrantes puede recibir Europa sin que se tambalee su identidad? La postura italiana, secundada por varios países del espacio Schengen, refleja la inquietud de la opinión pública europea ante la magnitud del fenómeno migratorio.
Una historia que se repite: el peso de los imperios
Conviene recordar que los países que hoy conforman la Unión Europea, más el Reino Unido, constituían hasta hace apenas un siglo un imperio global. India y Pakistán se independizaron del dominio británico en 1947. La batalla de Dien Bien Phu, en 1954, puso fin al imperio francés en Vietnam. En 1960, un referéndum de la población blanca separó a Sudáfrica del Reino Unido. Alemania perdió sus posesiones africanas tras la Primera Guerra Mundial, e Italia después de la Segunda.
El protectorado franco-español de Marruecos dio paso al reino alauita en 1957. Argelia dejó de ser provincia francesa en 1962. Guinea Ecuatorial se independizó de España en 1968, y Marruecos ocupó el Sáhara Español en 1975. Kenia se independizó de Inglaterra en 1963, y el África subsahariana hizo lo propio por esas fechas, aunque Francia aún mantiene parte de su ejército allí.
En resumen: hace menos de sesenta años que lo que ahora es la UE, más Inglaterra, perdió un imperio enorme. La pregunta que surge, entonces, es si también perderá su identidad en su propio territorio.
El espejo de Roma: ¿estamos ante una decadencia anunciada?
Esto es precisamente lo que le ocurrió al Imperio Romano. Tardó casi dos siglos, desde el inicio de la decadencia hasta que el rey bárbaro Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augústulo. La corona española perdió su influencia en el siglo XIX. Es la aceleración de la historia: doscientos años de decadencia para Roma, un siglo para España, sesenta años para Europa.
En Roma, esa decadencia consistió en la entrada de los bárbaros en el territorio y en las instituciones. Flavio Estilicón, de origen vándalo, llegó a ser el general protector del imperio con el emperador Honorio. ¿Puede ocurrir lo mismo en Europa? El alcalde de Londres es musulmán. En las ciudades europeas hay regidores de origen migratorio y también en los parlamentos. Una novela futurista francesa describe cómo un partido musulmán influye para incluir regulaciones de la sharia islámica en la legislación.
La pregunta de fondo es: ¿es compatible mantener esa civilización con una población migrante? Por tanto, los europeos no podemos estar seguros de que nuestra civilización se mantendrá sin defenderla. Y defenderla significa conservar sus valores, sus instituciones, sus costumbres y su forma de vida.
Los números: ¿estamos en el punto de no retorno?
En Roma, hasta el siglo I, el porcentaje de bárbaros no pasaba del 1%, asimilado e integrado. En el siglo V, momento de la caída definitiva del imperio, llegaron al 10% o 15%, y en el ejército representaban el 25% de los efectivos. Los 22 o 25 millones de ciudadanos del imperio romano de occidente aceptaron, poco a poco, el dominio bárbaro. Las élites romanas renunciaron a dirigir su civilización; no ejercieron su papel de liderazgo. Junto a ello, bajó la fertilidad de la población original.
Lo que en el imperio romano tardó casi tres siglos, en el español tardó uno y en el europeo sesenta o setenta años. Ahora, ¿bastarán treinta o cuarenta años para transformar la civilización europea? No hace falta que los migrantes no asimilados sean el 50%, como demuestra la historia de Roma.
Según Eurostat, en la UE la población extranjera de terceros países es un 6,4%, unos 30 millones sobre 450 millones. La nacida fuera, aunque esté nacionalizada, es de 46,7 millones, casi el 12%. Esto se debe, entre otras cosas, a la baja natalidad de la población europea.
La situación no es tan dramática si se desagrega por origen
La situación no es tan dramática si se desagrega esa población por su origen. Los de origen americano son un viaje de ida y vuelta. Son la misma o similar civilización, según analiza Huntington en su célebre libro El choque de las civilizaciones.
En España, por ejemplo, la población de origen americano es de unos cinco millones, el 50% de los migrantes. Por el contrario, solo el 5% de la población es originaria de países musulmanes. Sin embargo, en Francia los musulmanes ya representan el 10% de la población residente adulta, siendo el islam la segunda religión en importancia.
¿Estamos a tiempo de defender nuestra civilización?
Ante estos datos, la pregunta es inevitable: ¿estamos en el punto de no retorno, o Europa está aún a tiempo de mantener su identidad como civilización occidental? La historia nos muestra que las civilizaciones no caen de golpe, sino que se erosionan lentamente, a veces sin que sus propios ciudadanos lo noten. La diferencia es que nosotros, a diferencia de los romanos, tenemos la ventaja de conocer el pasado. La pregunta es si sabremos usarla.