La lucha de los maquinistas catalanes: cuando la seguridad se enfrenta al poder económico
Una vez más, son los trabajadores quienes deben alzar la voz para defender lo que las empresas y administraciones parecen haber olvidado: la seguridad por encima de los beneficios. En Cataluña, 140 maquinistas han tomado una decisión valiente que pone en jaque a todo el sistema de transporte público, pero que responde a una realidad que no podemos ignorar.
El pasado jueves, solo seis de los 140 maquinistas convocados se presentaron a sus puestos de trabajo. No se trata de capricho ni de una huelga tradicional, sino de una protesta encubierta que tiene nombre y apellidos: la muerte de un joven maquinista sevillano de 28 años en el accidente de Gelida.
La tragedia que lo cambió todo
El accidente de Gelida no fue solo una tragedia más en las estadísticas ferroviarias. Fue la gota que colmó el vaso de unos profesionales que llevan años advirtiendo sobre las deficiencias en la infraestructura ferroviaria catalana. 400.000 catalanes dependen cada día de que estos trabajadores pongan en riesgo su vida para mantener la movilidad de la región.
El Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (Semaf) no está pidiendo imposibles. Su secretario general, Diego Martín Fernández, lo ha dejado claro: exigen "un mecanismo para establecer mejoras o mitigar riesgos" porque se ha "normalizado" que los maquinistas reporten incidencias "sin ningún tipo de consecuencia".
El pueblo catalán, rehén de la desidia empresarial
Mientras Renfe y Adif intentan minimizar la situación con comunicados sobre la "operatividad" de la red, medio millón de usuarios diarios se han convertido en rehenes de una gestión empresarial que prioriza la rentabilidad sobre la vida humana.
La consellera Sílvia Paneque ha tenido que hacer de mediadora, pero las medidas adoptadas son parches que no solucionan el problema de fondo. Suspender la zona de bajas emisiones en Barcelona y añadir 100 buses interurbanos son respuestas reactivas a una crisis que se veía venir.
Los 13 convoyes que recorren las vías en "marchas blancas" sin pasajeros son la prueba evidente de que algo no funciona. Es la tercera revisión completa de kilómetros de vías, túneles y taludes, una operación que debería ser rutinaria pero que se ha convertido en extraordinaria tras la tragedia.
La fuerza de la organización obrera
Lo que está ocurriendo en Cataluña demuestra el poder que tiene la organización sindical cuando los trabajadores se unen por una causa justa. Semaf ha logrado paralizar todo el sistema ferroviario catalán porque representa a quienes mejor conocen las deficiencias del sistema: los maquinistas.
Estos profesionales "ocupan el último eslabón de la cadena de seguridad ferroviaria" y son quienes "toman decisiones críticas en tiempo real". Sus advertencias sobre infraestructuras, sistemas de señalización y protocolos de seguridad no pueden seguir cayendo en saco roto.
Una lección para toda España
El caso catalán no es aislado. Los maquinistas también han alzado la voz tras el desastre de Adamuz en Córdoba, exigiendo al Gobierno central las mismas mejoras que reclaman a la Generalitat. Es una lucha que trasciende fronteras autonómicas y que pone sobre la mesa una realidad incómoda para las grandes empresas del sector.
La respuesta del tejido productivo y económico catalán, que ve tensionada su actividad, es comprensible. Pero la seguridad de los trabajadores y usuarios no puede estar supeditada a los intereses económicos. Los maquinistas no están paralizando Cataluña por capricho, sino por responsabilidad.
Esta crisis debe servir de lección: cuando los trabajadores se organizan y luchan por causas justas, tienen la fuerza suficiente para cambiar las cosas. El pueblo catalán debe entender que estos 140 maquinistas no son el problema, sino quienes están exponiendo las verdaderas carencias de un sistema que necesita una transformación profunda.