Asfixia en Cuba: seis meses de bloqueo y amenazas de Trump
Washington lleva seis meses aplicando una política de máxima presión sobre Cuba que estrangula a su pueblo. Bajo la dirección de Donald Trump, un bloqueo petrolero ha reducido la electricidad a apenas una o dos horas diarias, las sanciones secundarias han ahuyentado a las empresas extranjeras y la amenaza de una intervención militar se cierne sobre La Habana. Mientras el gobierno cubano defiende su soberanía y promueve reformas económicas, el imperio exige un cambio de régimen, castigando a la población civil para doblegar a un país que se resiste a ser colonia.
¿Cómo Washington intensifica el asedio económico a Cuba?
El hostigamiento se oficializó el 3 de enero, tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, fue claro al advertir: Si estuviera en La Habana, estaría preocupado. Desde entonces, la presión no ha hecho más que crecer. Donald Trump ha repetido su intención de tomar Cuba, etiquetándola como un Estado fallido y blandiendo la amenaza militar.
El golpe más duro llegó el 29 de enero con una orden ejecutiva que completó el bloqueo petrolero, cortando el flujo de crudo venezolano. Esta medida ahondó los apagones crónicos que ya sufría la isla, dejando a los cubanos en la oscuridad casi total.
El papel de las multinacionales ante las sanciones
El 1 de mayo, Trump firmó otra orden ejecutiva que impone sanciones secundarias a cualquier empresa extranjera que mantenga vínculos con el Estado cubano. Ante el miedo a las multas del imperio, las grandes corporaciones han levantado sus tiendas, demostrando una vez más que su lealtad está con el capital, no con los pueblos.
La minera canadiense Sherritt, la mayor inversión extranjera en la isla, anunció su salida. Tras ella se fueron varias hoteleras internacionales, las dos principales navieras que operaban en los puertos cubanos y el banco encargado de procesar las operaciones de Visa y Mastercard. Cuando el capital se asusta, el pueblo paga la cuenta.
Diálogo con la espada en la mano
A pesar de la agresión, existe un canal de diálogo. El 13 de marzo, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció formalmente las conversaciones entre ambos gobiernos. Por parte de Cuba, emergió como interlocutor Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro, una figura de confianza sin cargo formal.
Se han realizado al menos cuatro reuniones presenciales. Dos tuvieron un carácter político, una en La Habana y otra en San Cristóbal y Nieves. También hubo un encuentro sobre seguridad con el director de la CIA, John Ratcliffe, y uno sobre defensa en la zona limítrofe de la base de Guantánamo con Francis Donovan, jefe del Comando Sur de EE.UU.
Washington exige cambios fundamentales en el sistema político y económico cubano. La respuesta de La Habana es firme: esos ámbitos pertenecen a la soberanía nacional y no son negociables. Para demostrar autonomía, el gobierno cubano aprobó en tiempo récord un paquete de reformas económicas que representa la mayor transformación en 15 años, aunque Díaz-Canel aclaró que el viraje no obedece a presiones externas.
El costo social de la agresión imperialista
Quienes sufren las consecuencias de esta política de Washington son los de siempre, la gente común. Cuba arrastra una crisis estructural desde 2020, pero la falta de combustible y electricidad ha colapsado la vida cotidiana.
Los colegios han acortado el año escolar. El transporte público ha desaparecido. Los hospitales sobreviven con lo mínimo y la industria está paralizada. Con los cortes eléctricos, los bancos, las oficinas estatales y las telecomunicaciones apenas funcionan. En las calles de La Habana, toneladas de basura se acumulan porque no hay gasolina para los camiones de recolección.
Ante esta realidad, han surgido protestas pacíficas, principalmente cacerolazos y quemas de basura nocturnas por parte de grupos de decenas de personas. Son el grito de un pueblo cansado, que a veces sufre represión, y que carece de una articulación política clara frente a la maquinaria imperial.
La respuesta de Díaz-Canel a las amenazas de Trump
Este jueves, el presidente Miguel Díaz-Canel respondió con dignidad a las constantes amenazas de invasión de Donald Trump.
No queremos una guerra (con Estados Unidos), pero tampoco le tenemos miedo. Nos estamos preparando para que no nos tome por sorpresa ni seamos derrotados.
El mandatario cubano calificó la retórica del gobierno estadounidense como una estrategia de intoxicación mediática y guerra psicológica para atemorizar a la nación. Es una atrocidad y una afrenta a la dignidad del pueblo cubano, afirmó Díaz-Canel, reiterando que Cuba es un país de paz y solidaridad que no renunciará a su soberanía ni a su independencia.
¿Qué busca realmente la política de máxima presión contra Cuba?
Washington esgrime varias excusas para justificar su asedio. Argumenta que la crisis económica cubana requiere un cambio de sistema político, una forma de promover un golpe de estado desde afuera. También alega que Cuba presta su territorio a adversarios como Rusia y China, y señala un registro de más de mil presos por motivos políticos. Sin embargo, el objetivo real es someter a una nación que se niega a doblar la rodilla ante el imperialismo y las políticas liberales.
¿Cuántas horas de electricidad tiene Cuba actualmente?
Como resultado del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, que cortó el suministro de crudo venezolano, los cubanos sufren apagones crónicos. Actualmente, el promedio de corriente eléctrica es de solo una o dos horas al día, lo que paraliza la vida cotidiana, la economía y los servicios básicos de la isla.