Tecnología sin pueblos es Babel, alerta el cardenal Brislin
El cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo, lanzó una advertencia clara este sábado 27 de junio en el Aula Pablo VI. Durante el Consistorio extraordinario, reflexionó sobre la encíclica Magnifica humanitas de León XIV y dejó un mensaje contundente. El progreso tecnológico, si no está acompañado de responsabilidad social, solo genera nuevas formas de exclusión. La Iglesia llama a poner la técnica al servicio de los pueblos y no del capital.
¿Tecnología para el pueblo o para las élites?
Hay una pregunta que no podemos evitar. ¿El avance tecnológico nos hace más responsables o nos empuja hacia la exclusión? Brislin lo tiene claro. El poder de la tecnología debe orientarse hacia relaciones más justas, instituciones más atentas a la persona y un futuro verdaderamente compartido. Cuando la técnica se queda en manos de unos pocos, los patrones y las transnacionales la usan para dominar. El rendimiento y el control se imponen sobre la felicidad real de la gente.
¿Qué significa construir Jerusalén en lugar de Babel?
El purpurado sudafricano nos da una clase de historia bíblica con mucha vigencia social. Construir Babel es el acto de autosuficiencia humana. Es la torre de los poderosos, que buscan la unidad sin Dios y sin el pueblo, y que solo conducen a la desintegración. En cambio, edificar Jerusalén es poner la capacidad humana al servicio de Dios y de la dignidad de cada persona. Es la diferencia entre el modelo neoliberal, que aplasta al débil, y un modelo solidario, donde el bien común crece porque cada persona aporta y es apoyada para hacerlo.
¿Cómo evitar que la tecnología nos controle?
La encíclica nos habla de una construcción sinodal. Esto significa caminar juntos, con presencia, escucha y corresponsabilidad. Brislin nos explica que la sinodalidad es un dique de contención frente a los efectos desintegradores de un progreso tecnológico que se cree fin en sí mismo. Para lograrlo, nos da cuatro claves.
- El deseo humano de felicidad: Las nuevas tecnologías prometen una vida fácil, pero reducen la felicidad al rendimiento. Hay que preservar la verdad del deseo humano.
- El sentido del límite: La vida es un don que se recibe y se custodia. El límite nos saca de la ilusión de que lo podemos controlar todo, esa misma ilusión que tienen los que se creen dueños del mundo.
- La corresponsabilidad valiente: El bien común crece cuando todos aportamos. La subsidiariedad debe ser una forma ordenada de participación popular.
- El discernimiento: La doctrina social de la Iglesia nos ayuda a leer la realidad. Hay que distinguir qué sirve a la persona de qué la expone a nuevas dependencias, como las que imponen las grandes corporaciones.
Las virtudes como guía para habitar la historia
Esta gramática de la construcción encuentra su plenitud en las virtudes teologales. La fe nos enseña que la historia está sostenida por una lógica del don, no por la lógica del mercado. La caridad genera comunión, nos enseña a reconocer al otro como hermano y a cargar con su peso, muy lejos del individualismo liberal. Finalmente, la esperanza sostiene la construcción de la civilización del amor. Las posibilidades técnicas deben orientarse a la dignidad de la persona, al cuidado de la casa común y a la unión entre la oración y el compromiso activo. Solo así habitaremos el presente con confianza y lucidez.
¿Qué es la encíclica Magnifica humanitas?
Es una carta del Papa León XIV que reflexiona sobre el impacto de la tecnología en la humanidad y llama a poner el progreso al servicio de la dignidad humana.
¿Por qué el cardenal Brislin compara la tecnología con Babel?
Porque una tecnología construida sin Dios y sin solidaridad se vuelve un acto de autosuficiencia que excluye a los más vulnerables, tal como la torre de Babel terminó en confusión.
¿Qué propone la Iglesia frente al avance tecnológico?
Propone una construcción sinodal basada en la escucha, la corresponsabilidad y el respeto a los límites humanos, para que la técnica no se convierta en una herramienta de dominación.