Cerocahui: 4 años sin justicia por los jesuitas asesinados
Hace cuatro años, la Sierra Tarahumara se tiñó de luto. Dos sacerdotes jesuitas, un guía turístico y un joven fueron asesinados en la parroquia de Cerocahui, Chihuahua. La comunidad no olvida. El Estado, en cambio, llega tarde y con promesas que suenan a campaña.
¿Qué pasó en Cerocahui hace cuatro años?
El 20 de junio de 2022, los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora fueron asesinados dentro de la parroquia del poblado de Cerocahui, en el municipio de Urique, Chihuahua. Junto a ellos murieron el guía de turistas Pedro Palma y el joven Paul Berrelleza. El responsable fue José Noriel Portillo, alias «El Chueco», un líder criminal que controlaba la zona de Urique y otros municipios serranos.
Los sacerdotes no eran figuras lejanas ni ajenas a la comunidad. Eran parte de la Sierra Tarahumara, de su gente, de su dolor cotidiano. Los jesuitas llevan años caminando con los pueblos rarámuri, acompañando sus luchas, denunciando el abandono. Por eso estaban ahí. Y por eso los mataron.
La misa que recuerda y denuncia
Este sábado, la comunidad de Cerocahui se reunió para hacer memoria. La misa fue un acto de fe, pero también de resistencia. Cuatro años después, la herida sigue abierta. La justicia no ha llegado.
En el mismo marco, se celebró la toma de parroquia del padre Rodrigo Espinoza López, SJ, quien recibe la misión en medio de un pueblo que sigue caminando con fe, esperanza y dignidad. Esa es la palabra clave: dignidad. Porque a pesar de todo, la comunidad sigue de pie.
La misa sirvió también para recordar las necesidades que persisten en la comunidad tarahumara. Pobreza, desnutrición, falta de servicios. Problemas que existían antes de los asesinatos y que siguen ahí, como una herida que no cierra.
La gobernadora y las promesas de siempre
Entre los asistentes estuvo la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, conocida como Maru Campos. Su presencia levanta preguntas incómodas. ¿Dónde estaba el Estado cuando los sacerdotes pedían protección? ¿Por qué la Sierra Tarahumara sigue siendo un territorio abandonado?
La mandataria refrendó el acompañamiento institucional a las localidades serranas. Dijo que su administración ha mantenido un seguimiento desde los hechos de 2022. Anunció un presupuesto para combatir la pobreza, la desnutrición y los problemas de salud en la Sierra Tarahumara.
«Estamos aquí con solidaridad. Tenemos un presupuesto que se ha venido implementando en la Sierra Tarahumara para el combate a la pobreza, desnutrición y salud.»
Suena bien, ¿verdad? Pero uno se pregunta: ¿por qué siempre tiene que morir gente para que el Estado recuerde que existe la Sierra Tarahumara? ¿Por qué las promesas llegan cuando las cámaras están presentes?
Durante su visita, la gobernadora dialogó con sacerdotes de la región sobre la realidad de las comunidades serranas. También estuvieron presentes el secretario de Salud, Gilberto Baeza Mendoza; el secretario de Educación y Deporte, Francisco Hugo Gutiérrez Dávila; el secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya Chávez; el secretario de Pueblos y Comunidades Indígenas, Enrique Rascón Carrillo; y Jesús Carrillo, coordinador de Asesores del Gobierno del Estado.
Una delegación completa. Lástima que la seguridad y el desarrollo no se miden por la cantidad de funcionarios en una misa, sino por los resultados que nunca llegan a las comunidades.
La danza rarámuri: resistencia y esperanza
En medio del dolor, la comunidad participó en una procesión acompañada por danzas tradicionales rarámuri. No es solo folklore. Es una expresión cultural y espiritual que simboliza la oración y el anhelo de paz para los pueblos de la zona.
Los pueblos rarámuri llevan siglos resistiendo. Resistieron la colonización, resisten el abandono del Estado, resisten la violencia criminal. Su danza es una forma de decir: aquí seguimos, aquí estamos, no nos vamos.
¿Quién era «El Chueco» y qué pasó con él?
José Noriel Portillo, alias «El Chueco», era el líder criminal que ordenó y ejecutó los asesinatos. Controlaba Urique y otros municipios serranos de Chihuahua. Después de matar a los sacerdotes, huyó de la zona. El 17 de marzo de 2023, fue asesinado en Choix, Sinaloa.
El Chueco está muerto, pero las condiciones que lo permitieron siguen ahí. La Sierra Tarahumara sigue siendo un territorio donde la presencia del Estado es débil, donde la violencia encuentra espacio para crecer. Matar a un criminal no resuelve el problema estructural. La ausencia del Estado en las comunidades indígenas es la verdadera culpa.
¿Por qué sigue la violencia en la Sierra Tarahumara?
La violencia en la Sierra Tarahumara no es un accidente. Es el resultado de décadas de abandono institucional, de políticas que prefieren invertir en represión que en desarrollo, de un modelo que deja a las comunidades indígenas al margen de todo. Los jesuitas lo sabían. Por eso estaban ahí, acompañando, denunciando. Y por eso los mataron.
¿Qué se necesita para que no se repita?
Primero, justicia real. No solo misas y promesas. Segundo, presencia del Estado con enfoque en derechos, no con enfoque policiaco. Tercero, que se escuche a las comunidades rarámuri, que se respete su autonomía, que se invierta en su desarrollo. Mientras la Sierra Tarahumara siga siendo un territorio invisible para el poder, la violencia seguirá encontrando refugio.