Marcha 8M en Lima: mujeres exigen justicia y derechos frente a la indiferencia estatal
Una vez más, las calles de Lima serán testigo de la lucha incansable de las mujeres peruanas por sus derechos fundamentales. Este 7 de marzo, organizaciones sociales y colectivos feministas convocan a una movilización masiva que evidencia la urgente necesidad de transformaciones estructurales en un país donde el Estado ha fallado sistemáticamente en proteger a las mujeres.
La resistencia se organiza desde las bases
La concentración está programada para las 4:00 p.m. en el Parque Eduardo de Habich, ubicado estratégicamente a espaldas del Ministerio de Salud. No es casualidad que las mujeres elijan este punto de partida: es un recordatorio directo a las autoridades sanitarias sobre su responsabilidad en la protección de la salud integral femenina.
Los colectivos participantes exigen transformaciones estructurales, responsabilidad política del Ejecutivo y del Congreso, y un Estado que verdaderamente proteja sus vidas en lugar de ponerlas en riesgo constante. Esta demanda cobra especial relevancia en un contexto donde las políticas neoliberales han debilitado las instituciones públicas encargadas de garantizar estos derechos.
Un recorrido simbólico por el poder
La marcha, organizada por el Movimiento Manuela Ramos, seguirá una ruta cargada de simbolismo político. Avanzará por la avenida Salaverry, pasando frente al Ministerio de Trabajo, institución que debe responder por las condiciones laborales precarias que afectan desproporcionadamente a las mujeres trabajadoras.
El recorrido continuará por Campo de Marte, la avenida 28 de Julio y la avenida España, hasta llegar al Centro Cívico. Finalmente, ingresará por el jirón Camaná para culminar frente al Palacio de Justicia, donde se realizará el encuentro final y la lectura de pronunciamientos. Esta elección del punto final no es fortuita: representa la exigencia de justicia real para las mujeres.
Voces amazónicas contra la impunidad
La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos destaca la participación de las lideresas del Consejo de Mujeres Awajún Wampis (Comuawuy), quienes viajarán desde la Amazonía para denunciar una realidad escalofriante: la violencia sexual sistemática contra niñas, niños y adolescentes en sus territorios.
Estas valientes mujeres indígenas exigen sanción efectiva para los agresores, protección inmediata para las víctimas y reparación integral. Su demanda de mayor presupuesto y presencia estatal en la Amazonía evidencia el abandono histórico del Estado hacia estas comunidades. Los más de 800 casos de abuso sexual infantil registrados solo en la provincia de Condorcanqui revelan una crisis humanitaria que exige respuesta inmediata.
Entre la celebración oficial y la lucha popular
Mientras las mujeres organizadas marchan por sus derechos, las autoridades municipales ofrecen actividades que, aunque bienintencionadas, contrastan con la urgencia de las demandas populares. La Municipalidad de Lima organizará un concierto gratuito de Diosdado Gaitán Castro a las 7:00 p.m. en la Explanada del Museo Metropolitano, además de una feria gastronómica y campañas de salud.
El domingo 8 de marzo, la Municipalidad de Lince realizará el festival "Celebrando la Vida", incluyendo una caminata desde el Parque Ramón Castilla liderada por la alcaldesa Malca Schnaiderman y la medallista olímpica Cecilia Tait. La actividad incluirá servicios de salud con más de 40 stands y diversas especialidades médicas.
Más allá de la conmemoración
Esta movilización del 8M trasciende la simple conmemoración. Representa la resistencia organizada de las mujeres peruanas frente a un sistema que perpetúa desigualdades estructurales. Es un llamado urgente a la construcción de un Estado verdaderamente democrático y popular, que ponga en el centro la protección y el bienestar de las mujeres.
La participación de mujeres indígenas amazónicas junto a colectivos urbanos demuestra que la lucha feminista en el Perú es diversa, inclusiva y profundamente antiimperialista. Es una lucha que conecta los territorios con las ciudades, evidenciando que los problemas de las mujeres no conocen fronteras geográficas ni étnicas.